El Gobierno cerró julio con números positivos en las cuentas fiscales: un superávit de $244.897 millones que marca un quiebre después de varios meses de déficit. El resultado llega en un contexto de tensión financiera, con el riesgo país tocando los 500 puntos.
El equilibrio se logró mediante dos caminos simultáneos: un recorte del 7% en el gasto público y una mayor recaudación tributaria, que creció 29,6% respecto a julio del año anterior. Los ingresos totales del sector público nacional alcanzaron los $17.092.374 millones.
Sin embargo, los expertos señalan que parte del resultado depende de medidas puntuales que no son estructurales. El diferimiento del pago del Impuesto a las Ganancias y la retención de fondos destinados a fideicomisos específicos contribuyeron al superávit, pero no reflejan cambios duraderos en la gestión.
Para los economistas consultados, el verdadero desafío ahora es sostener este equilibrio sin sacrificar más servicios. Agustín Etchebarne, de la Fundación Libertad y Progreso, planteó que el próximo paso debe ser transformar este superávit en crecimiento económico y reducir la presión tributaria, pero "requiere que las provincias se sumen al esfuerzo".
Marcelo Elizondo enfatizó que mantener el presupuesto equilibrado "a costa de pagar un alto costo político" es necesario para que Argentina estabilice su moneda y controle la inflación. Pero también advirtió sobre la necesidad de pensar en un equilibrio "más estructurado" que permita retomar obras públicas y servicios que hoy están postergados.
El gasto en Asignación Universal por Hijo (AUH) creció 3,8% en julio, mostrando que no todos los rubros sufrieron reducciones proporcionalmente.




