El vidrio recuperado se acumula en galpones municipales de toda la provincia sin poder ser comercializado. Las grandes distancias hacia centros de reciclaje y el bajo valor de mercado hacen que los costos de transporte superen el precio de venta, tornando inviable mover el material. Algunos municipios lo guardaban esperando soluciones; otros veían cómo volvía a los basurales.
Para romper este ciclo, la secretaría de Ambiente y Recursos Naturales planteó un desafío durante la tercera edición del Hackatón organizado por ANIDE en Plaza Huincul: ¿cómo transformar ese vidrio en recursos útiles sin trasladarlo de la localidad?
La propuesta buscaba que equipos técnicos, profesionales y emprendedores diseñaran soluciones de baja complejidad y bajo consumo energético —aplicables a escala municipal— para reinsertar el vidrio en circuitos productivos locales. El reciclaje industrial tradicional requiere hornos de alta temperatura e infraestructura especializada, algo incompatible con las capacidades de la mayoría de los municipios neuquinos.
Loncopué fue el caso de estudio. Desde hace años separa y recupera residuos, pero enfrenta las mismas barreras que decenas de localidades en la región: sin canales sostenibles de valorización, el vidrio se queda guardado o termina nuevamente en la basura.
El Hackatón reunió distintas miradas para pensar respuestas concretas: fortalecer la gestión de residuos sólidos, incorporar tecnología e innovación, y consolidar economía circular desde lo local. No es solo ambiental; es también económico: cada tonelada de vidrio que se reutiliza sin moverse es dinero que queda en la comunidad.




