El Congreso de Brasil aprobó una enmienda constitucional que elimina la jornada laboral de seis días de trabajo y uno de descanso (6x1), un régimen que afectaba a millones de trabajadores brasileños. La reforma establece que todos los trabajadores tendrán derecho a dos días de descanso semanal.
La votación se concretó el 14 de octubre con un resultado contundente: 75 votos a favor y apenas uno en contra. Lo más destacable es que la oposición, que inicialmente se oponía al proyecto, terminó apoyándolo de forma mayoritaria en el Senado.
La transición será gradual: en los próximos 60 días, las empresas deberán pasar a la escala de cinco días laborales y dos de descanso (5x2), reduciendo la jornada máxima a 42 horas semanales. Luego, transcurridos otros 12 meses, la jornada se reducirá a 40 horas semanales, el objetivo final del cambio.
Lo más importante: todo esto ocurrirá sin reducción de salarios. El proceso completo de implementación tendrá una duración de 14 meses desde la promulgación.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, presente en la ceremonia de promulgación, destacó que se trata de "una conquista del pueblo brasileño" que fue aceptada tanto por su gobierno como por el Congreso.
Los líderes legislativos subrayaron que el cambio va más allá de lo económico. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, enfatizó el valor del tiempo de descanso y la convivencia familiar para quienes trabajan seis o hasta siete días por semana. Por su parte, el presidente de la Cámara de Diputados, Hugo Motta, señaló que la reducción de jornada es también "una cuestión de salud y calidad de vida" que afecta la productividad.




