El Gobierno enfrenta un desafío que por décadas acosó a Argentina: mantener las cuentas públicas equilibradas mientras la economía se recupera lentamente. En los primeros siete meses del año acumuló un superávit primario cercano al 0,9% del PIB, pero la recaudación perdió impulso y los ingresos extraordinarios se agotaron.
La tensión es real. La recaudación bajó dinamismo, desaparecieron ingresos puntuales, se redujeron impuestos y derechos de exportación, y la actividad ligada al consumo interno sigue débil. Después de ajustes tan profundos, cada peso adicional de recorte cuesta conseguir.
Pero eso no significa que el superávit fiscal esté condenado. Lo que cambia ahora es la naturaleza del desafío. La primera etapa fue bajar el gasto y eliminar el déficit. La segunda, más compleja, consiste en transformar ese ajuste en un cambio permanente del funcionamiento del Estado: revisar subsidios, mejorar la eficiencia, reorganizar la estructura estatal, repensar la relación fiscal con las provincias y, eventualmente, reformar los sistemas tributario y previsional.
Detrás de todo esto hay una apuesta más profunda sobre cómo funciona la economía. Durante décadas Argentina intentó estimular el crecimiento anticipando recursos que no tenía. Eso generaba desequilibrios que terminaban en déficit, emisión, inflación y menos inversión. El crecimiento buscado chocaba contra la inestabilidad que se generaba.
El programa actual invierte esa causalidad: el equilibrio fiscal reduce la presión de financiamiento, baja el riesgo soberano y el costo del capital. Si se consolida la estabilidad monetaria y se acumulan reservas, el horizonte de decisión de las empresas se extiende. Entonces aparecen crédito, inversión y una recuperación más sostenible.
El crecimiento es indispensable, claro. Una economía que no crece termina chocando con límites fiscales, sociales y políticos. Y una economía que crece amplía las bases imponibles y fortalece la recaudación. Pero eso no implica que haya que elegir entre uno u otro. La pregunta es cuál es el orden: si esperar recursos que todavía no llegan o consolidar primero la estabilidad que los haga posibles.




