La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que julio pasado fue el segundo mes más caluroso registrado en la historia. La temperatura promedio en la superficie terrestre superó en 1,47 grados Celsius el nivel preindustrial de referencia (1850-1900).
El hemisferio norte enfrentó una combinación letal de calor extremo, sequías prolongadas e incendios forestales masivos, mientras que otras regiones sufrieron inundaciones y precipitaciones torrenciales.
Europa occidental fue la zona más castigada. Registró el bimestre junio-julio más caluroso de toda la historia. Francia, España, Alemania y Reino Unido reportaron niveles excepcionalmente bajos de precipitaciones y humedad en el suelo, con sequías que se intensificaron desde marzo.
Las consecuencias fueron severas: ecosistemas dañados, pérdidas agrícolas, ríos con niveles históricos bajos, afectaciones al transporte y a la generación de energía. Los incendios forestales alcanzaron números récord tanto en superficie quemada como en emisiones de carbono.
Según John Kennedy, jefe de información climática de la OMM, el fenómeno responde al efecto combinado del calentamiento global de largo plazo y patrones atmosféricos persistentes que generan sistemas de alta presión capaces de mantenerse durante días o semanas, como sucedió este año.
El calor extremo continuó en agosto, con varios países enfrentando su cuarta ola de calor desde mayo.




