La escalada de tensiones en Medio Oriente alcanzó a Europa. Irán advirtió que atacaría la base aérea de Fairford en el Reino Unido, desde donde despegan bombarderos estadounidenses con destino a objetivos iraníes, tras la decisión del nuevo primer ministro británico Andy Burnham de autorizar esas operaciones.
El comunicado de los Guardianes de la Revolución apuntó directamente contra la monarquía británica, acusándola de responsabilidad histórica en conflictos regionales y en agresiones contra Irán. Designó la base de Fairford en Gloucestershire como "objetivo militar legítimo".
Este cambio en la política británica contrasta con la postura previa del ex primer ministro Keir Starmer, quien se había negado a usar infraestructura del Reino Unido para operaciones estadounidenses.
La tensión no se limita a amenazas. Milicias hutíes alineadas con Teherán atacaron dos buques petroleros saudíes en el mar Rojo, buscando bloquear el paso por el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb. Los ataques tuvieron impacto inmediato en mercados globales: el precio del petróleo superó los 100 dólares por barril.
Desde Londres, funcionarios británicos confirmaron que las Fuerzas Armadas mantienen estado de alerta permanente coordinado con la OTAN para garantizar defensas aérea y antimisiles.




