Una infección como el herpes zóster puede impactar más allá de la piel. Los médicos advierten sobre su relación con complicaciones cardiovasculares, un factor de riesgo que suele pasar desapercibido en la prevención del corazón.
El herpes zóster, popularmente conocido como culebrilla, es la reactivación del virus que causa la varicela. Años después de haber padecido varicela, el virus puede despertarse nuevamente en el sistema nervioso y provocar una erupción dolorosa con ampollas, generalmente en el tórax, abdomen o rostro.
Según datos médicos, la conexión entre esta infección y el corazón funciona en ambas direcciones. Las personas que atraviesan un episodio de herpes zóster tienen 34% más de riesgo de sufrir un ACV en los tres meses siguientes, y 35% más de riesgo de infarto en el primer mes. A la inversa, quienes ya padecen una enfermedad cardíaca presentan 34% más de riesgo de desarrollar herpes zóster.
¿Por qué ocurre esto? Cuando el cuerpo enfrenta una infección, genera una respuesta inflamatoria. En ese proceso se liberan sustancias que pueden favorecer la formación de coágulos de sangre. En personas con riesgo cardiovascular, esto aumenta significativamente la posibilidad de eventos adversos.
Cuando el herpes zóster requiere hospitalización, el riesgo se agrava aún más: la insuficiencia cardíaca puede desarrollarse, dificultando que el corazón bombee sangre suficiente para satisfacer las necesidades del organismo.
Desde organizaciones cardiológicas nacionales como la Sociedad Argentina de Cardiología y la Federación Argentina de Cardiología, se incorpora la vacunación como estrategia relevante en el cuidado integral de los pacientes con enfermedad cardiovascular. A nivel global, las vacunas previenen entre 3,5 y 5 millones de muertes por año.
Los especialistas recomiendan que la consulta médica no se limite solo a chequeos cardiovasculares tradicionales, sino que también incluya la revisión del esquema de vacunación del adulto como parte del envejecimiento saludable.




