En los estudios de cine Hengdian World Studios, ubicados en la provincia de Zhejiang en China oriental, existe un negocio inusual: los turistas pueden convertirse en actores por apenas 57 dólares.
Todo comenzó hace años como una curiosidad, pero este año el servicio de micropelículas personalizadas experimentó un boom sin precedentes. Por un precio accesible, cualquier visitante recibe vestuario de época, maquillaje profesional, dirección en escena y un video editado listo para compartir en redes sociales. El proceso completo dura menos de una hora.
Pan Yuanyuan, profesora universitaria de Hengyang, viajó hasta Hengdian para recrear una escena de su serie de televisión favorita. Vestida con el traje de una consorte imperial de la dinastía Qing, interpretó un monólogo de acusación de adulterio. Lo que parecía fácil en la sala de su casa resultó desafiante frente a cámara, pero con las indicaciones del director logró encontrar el ritmo necesario. El video sorprendió tanto que su madre preguntó: "¿Puedo yo también hacer eso?".
Según datos del estudio, el catálogo de guiones creció explosivamente. Actualmente ofrecen entre 30 y 40 historias diferentes. En días con alta demanda, un solo director maneja hasta 20 producciones cortas simultáneamente: mientras un cliente está en maquillaje, otro rueda su escena.
El formato cambió con los tiempos. Hace poco los visitantes preferían producciones casuales de unos 10 minutos. Hoy, influenciados por plataformas de videos cortos, demandan escenas de ritmo rápido que no superen los dos minutos, con momentos emocionantes y líneas memorables listos para viralizar.
El atractivo también se expandió a públicos inesperados. Familias de Pekín reservaron un papel de matriarca imperial para una pariente que cumplía 70 años. Los turistas de mayor edad impulsan ahora la demanda de videos en formato horizontal y pantalla ancha, diseñados especialmente para grupos de entre 20 y 25 personas.
El fenómeno refleja cómo los estudios reinventan el turismo tradicional: los sueños cinematográficos de la gente común generan consumo en hoteles, restaurantes y atracciones locales. Hengdian, considerada la mayor base de producción cinematográfica y televisiva del mundo, convirtió un experimento en una industria de experiencias personalizadas.




