El domingo pasado se conmemoró el Día Internacional del Guanaco, una fecha que pone el foco en uno de los grandes mamíferos nativos de la Patagonia. En Neuquén, la especie está clasificada como vulnerable y su conservación es un desafío que afecta directamente el equilibrio de nuestros ecosistemas áridos y semiáridos.
Los números cuentan una historia dramática: cuando llegaron los españoles a América, había aproximadamente 50 millones de guanacos. Hoy apenas sobreviven 600 mil ejemplares en todo el continente, y el 95 por ciento están en Argentina.
El guanaco es un herbívoro adaptado a las condiciones de la estepa patagónica. Puede pesar entre 100 y 140 kilogramos y alcanzar velocidades de hasta 59 kilómetros por hora. Su rol en el ecosistema es fundamental: al alimentarse de pastos y cortarlos con sus dientes, favorece el rebrote de la vegetación y contribuye a la captura de carbono, lo que lo convierte en un aliado natural contra el cambio climático.
En la provincia, la situación es crítica. El guanaco desapareció de amplias zonas del oeste y centro neuquino. Sus poblaciones ahora subsisten principalmente en sistemas serranos y montañosos, donde encuentran mayor refugio. Las principales amenazas son la competencia con ganado ovino y caprino, la apertura de caminos para actividades productivas —que facilita la caza furtiva— y la fragmentación del territorio.
La conmemoración del Día Internacional del Guanaco, que comenzó en 2024 con el consenso de 40 organizaciones gubernamentales, académicas, de comunidades indígenas y de la sociedad civil, busca que la región entienda que este animal es mucho más que un símbolo: es un componente clave de los procesos ecológicos que sustentan los ambientes donde vivimos.




