Las billeteras virtuales y plataformas de crédito digital defienden sus altas tasas de interés argumentando que el riesgo de prestar dinero a personas sin historial formal en el sistema es mucho mayor que el de los bancos tradicionales.
El costo viene de cuatro factores, según explicó Mariano Biocca, Director Ejecutivo de la Cámara Argentina de Fintech. A diferencia de los bancos, que usan los ahorros de sus clientes para financiar nuevos créditos, las fintech deben conseguir todo el dinero prestando a instituciones formales. Ese fondeo inicial ya encarece cualquier préstamo que ofrezcan.
El segundo factor es el riesgo de quiénes piden dinero. Las fintech atienden a trabajadores autónomos, informales y pequeños comerciantes que no figuran en los registros tributarios. Eso significa más probabilidad de que no paguen, lo que se refleja directamente en la tasa de interés.
A esto se suma la mora efectiva: cuando los clientes empiezan a retrasarse en los pagos, el costo del préstamo sube aún más para cubrir esas pérdidas. Y finalmente está la carga de impuestos: en algunas provincias, hasta un tercio del valor de la cuota corresponde a tributos.
Las fintech señalan que toda esta información está disponible en sus aplicaciones, y que cada usuario puede ver exactamente cuánto pagará antes de aceptar el crédito.




