En Francia, decenas de miles de estudiantes se movilizaron para exigir más recursos para la educación y condiciones dignas de estudio. Según el Gobierno francés, participaron 71.500 personas, muchas de ellas también respaldadas por sindicatos de docentes.
Las manifestaciones derivaron en incidentes en varias ciudades. En París, la policía dispersó concentraciones con gases lacrimógenos, incluida una frente al liceo Hélène Boucher en el noreste de la capital. Los estudiantes llegaron a ocupar el monumento de la Bastilla, ondeando banderas y cantando el himno nacional. Las imágenes mostraron cuerpos antidisturbios cargando contra manifestantes para desalojar la plaza.
En Nantes hubo enfrentamientos directos entre manifestantes y fuerzas del orden, mientras que en Marsella alrededor de 3.900 personas marcharon sin incidentes.
El Ministerio del Interior informó que la policía detuvo a más de 500 personas en toda Francia. Algunos manifestantes prendieron fuego y vandalizaron paradas de autobús; la policía respondió con porras y granadas aturdidoras. Organizaciones de derechos humanos denunciaron uso excesivo de fuerza.
Un docente de Marsella describió la realidad en las aulas: "Este año tengo 37 alumnos en una clase. A veces hay tres estudiantes compartiendo la misma mesa". La falta de infraestructura es uno de los reclamos centrales.
El Ministerio de Educación anunció el envío de 3.000 profesores suplentes a institutos con dificultades, a partir del viernes.
UNICEF pidió a las autoridades francesas una "desescalada de la violencia" y que protejan el derecho de los jóvenes a manifestarse pacíficamente, recordando que tienen derecho a ser escuchados en decisiones que los afectan.




