El Gobierno español amplió por 15 días adicionales los controles en frontera a pasajeros procedentes de Italia, en respuesta a la decisión italiana de mantener suspendido el acuerdo de Schengen.
La medida responde a la crisis migratoria en Ceuta y genera un efecto de espejo entre ambos países: Italia suspenke Schengen con España desde el 1 de agosto, y el ejecutivo español respondió con restricciones similares. Ahora ambos gobiernos extienden estas limitaciones otras dos semanas.
Hasta el pasado domingo, las autoridades españolas habían revisado más de 1.000 vuelos desde Italia, controlando a cerca de 12.340 viajeros de terceros países, según informó el Ministerio del Interior de Madrid.
El Ejecutivo de Giorgia Meloni justificó la prórroga argumentando que persisten los factores que motivaron la suspensión inicial: presiones migratorias y cuestiones de seguridad en la frontera. El ministro italiano Matteo Piantedosi comunicó la decisión directamente a su colega español, Fernando Grande-Marlaska.
Esta tensión entre Madrid y Roma refleja el dilema europeo actual: cómo balancear la libre circulación de Schengen con los controles migratorios que demandan algunos gobiernos. La Unión Europea fue notificada del movimiento italiano mediante un memorándum oficial.




