Omar Cides compra chivitos flacos que los crianceros de campo descartarían. Los que no alcanzaban peso para vender, y corrían riesgo de perderse por pumas, temporales o zorros, ahora tienen una segunda oportunidad en su corral de la chacra.
El ciclo es simple pero efectivo: recupera la condición corporal de los animales, los vende con ganancia y genera un ingreso extra que suma en tiempos de poco margen económico. "Hay muchos jóvenes que trabajan por 300 o 350 mil pesos siendo capaces e inteligentes. En el campo también hay oportunidades, pero hay que encararlo con fuerza, responsabilidad y constancia", sostiene.
Una cadena que beneficia a ambos
El criancero se beneficia porque recupera parte del valor de un animal que, de permanecer en el campo, probablemente perdería. Omar compra esos chivitos directamente o los intercambia por forraje. Comenzó con 102 animales entre propios y comprados, logró comercializar casi la totalidad y ya incorporó nuevos lotes.
Infraestructura hecha con lo que tiene
La mayor parte de sus instalaciones las construyó reutilizando madera y materiales de su propia chacra. Aprovecha la luna menguante de mayo para cortar madera que luego estaciona y usa en los tirantes de los corrales.
Los comederos también son diseño propio: incorporó mallitas de alambre que evitan que los chivos entren adentro, pisen y desperdicien comida. Así logra alimentar entre 97 y 100 animales en espacios distribuidos sin necesidad de que compartan un mismo lugar.




