Elena Makarova, identificada como presunta víctima en la investigación contra Konstantin Rudnev por trata de personas en Bariloche, volvió a cuestionarse a la fiscalía de esa ciudad. La joven rusa publicó un artículo en el medio internacional Bitter Winter donde afirma que nunca integró ningún grupo vinculado al acusado ni mantuvo contacto con él.
Su testimonio contradice el eje central de la causa: que fue traída al país para ser explotada. Makarova sostiene que viajó a Argentina embarazada y buscaba un lugar seguro para dar a luz, no escapando de ninguna red de trata.
La rusa explica que su decisión de venir a la Argentina no fue casual. Más de 10.000 mujeres embarazadas rusas viajan cada año al país porque los hijos nacidos aquí acceden automáticamente al pasaporte argentino, y la madre puede solicitar la ciudadanía. "Quería seguridad, estabilidad y un futuro para mi hijo", afirmó.
Según su relato, su madre le pidió que viajara junto a una amiga, Nadezhda Belyakova, por preocupación por su embarazo y antecedentes de violencia. El embarazo transcurrió sin complicaciones hasta mediados de marzo, cuando dice que una enfermera del hospital le exigió documentación del padre del niño, pese a su negativa explícita.
Makarova relata que la enfermera luego admitió que esa documentación no era legalmente necesaria, pero que la había solicitado para "obtener información sobre mí". Bajo esa presión, su acompañante proporcionó una fotocopia del pasaporte de Rudnev que encontraron entre los papeles de una vivienda alquilada.
A partir de ese momento, acusa, comenzó lo que describe como una pesadilla. Denuncia que fue sometida a presión extremadamente fuerte y constante para que se declarara víctima, incluso con amenazas de que le quitarían a su hijo si se negaba.




