Expertos de toda América Latina advierten que los períodos sin brotes de dengue no significan fin del riesgo, sino una oportunidad crítica para reforzar la prevención antes del próximo pico epidémico. Esta fue la principal conclusión de un encuentro especializado realizado en Cartagena, Colombia, donde científicos y profesionales de salud debatieron estrategias regionales frente a la enfermedad.
Las cifras en la región son alarmantes. Durante la temporada 2023-2024, América Latina registró más de 13 millones de casos confirmados y 8.400 muertes. En Argentina, ese mismo período fue el más grave desde que existen registros modernos: más de 580.000 casos y 419 fallecimientos. Aunque en 2025 los números bajaron, los especialistas coinciden en que el virus no desapareció: solo cambió de ciclo.
Cinco conclusiones marcan el camino adelante:
La calma engaña. El dengue funciona en ciclos, y cuando caen los casos, surge una falsa sensación de seguridad. Mientras tanto, factores como la urbanización acelerada, la movilidad de personas, las deficiencias en agua potable y eventos climáticos extremos (como El Niño) siguen creando condiciones ideales para que el mosquito se propague.
El virus cambia de víctimas. Aunque sigue afectando niños y adolescentes, cada vez más adultos y personas mayores se contagian, especialmente quienes ya tienen enfermedades previas. Los sistemas de salud deben adaptarse para detectar y atender a una población más heterogénea.
No hay solución única. El control requiere una estrategia integral: vigilancia constante, monitoreo climático, control del mosquito, diagnóstico rápido, atención clínica adecuada, participación comunitaria y vacunación complementaria. Cada país debe diseñar su plan según sus características locales.
La tecnología acelera respuestas. La inteligencia artificial permite analizar millones de datos epidemiológicos, climáticos y territoriales simultáneamente, anticipando brotes y detectando cambios en el comportamiento del virus.
La información es poder. Comunicar los riesgos reales sin generar pánico, mantener la vigilancia activa durante la calma y educar a las comunidades sobre eliminación de criaderos son acciones que no pueden descuidarse nunca, incluso cuando la enfermedad parece dormida.




