El acoso entre pares ya no respeta límites de tiempo ni lugar. Una burla que comienza en el aula puede continuar por WhatsApp, redes sociales o videojuegos durante toda la tarde y noche, acompañando al chico incluso antes de dormir y de regreso a la escuela a la mañana siguiente.
La Sociedad Argentina de Pediatría advierte que el bullying adquirió características cada vez más híbridas, con una continuidad constante entre espacios físicos y digitales. Un conflicto que nace en la escuela se amplifica en la red y puede redefinir las relaciones al día siguiente. Además, los contenidos digitales permanecen, alcanzan nuevas audiencias y dejan una huella difícil de borrar.
Los números reflejan la magnitud del problema. Según las Pruebas Aprender 2023, con más de 614 mil estudiantes de sexto grado participantes: el 63% reportó haber sufrido al menos una agresión o violencia durante ese año, en la escuela o las redes. El 56% presenció agresiones entre compañeros, el 34% reconoció haber agredido a otro estudiante y el 36% se sintió discriminado.
La cifra se agravó en adolescentes de 13 a 17 años. Según la Encuesta Rápida de UNICEF Argentina, el acoso pasó del 25% al 41% entre 2024 y 2025. El 37% tenía un compañero que sufrió bullying y el 14% lo padeció personalmente.
La Dra. Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil, marcó el cambio de época: "Antes, volver a casa ofrecía una pausa y un espacio de resguardo. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso. Los mensajes, burlas o exposiciones pueden llegar a cualquier hora y extender el acoso más allá de la escuela, amplificando el daño".
El Dr. Sergio Snieg, pediatra del Comité de Pediatría Ambulatoria de la SAP, completa el panorama: "El mismo dispositivo para hablar con amigos puede convertirse en una vía permanente de hostigamiento. Lo digital no es una realidad separada: lo que sucede en una pantalla produce sufrimiento y consecuencias concretas sobre la salud".




