En el paraje Lileo, a orillas del río que lleva ese nombre en el norte neuquino, se levanta desde hace poco más de un año una capilla dedicada a Nuestra Señora del Carmen. Inaugurada el 20 de julio de 2024, el templo ya se ha convertido en un referente espiritual para las comunidades de crianceros que habitan la cordillera.
La obra comenzó en 2021 y fue materializada bajo la dirección de Raúl Magnasco, con el apoyo de vecinos y pobladores del lugar. El terreno fue donado generosamente por la familia Sepúlveda, mientras que los sacerdotes Diego Canale y Marco Espínola presidieron la ceremonia de inauguración.
La elección de la advocación mariana no es casual. La Virgen del Carmen es conocida en estas zonas como la Virgen de los Trashumantes, protectora de las familias que cada año trasladaban sus rebaños entre las zonas de invernada y veranada siguiendo ritmos ancestrales. Por eso, la comunidad organiza dos celebraciones anuales: una en invierno y otra en verano, acompañando el ciclo de vida de quienes mantienen viva esta tradición ganadera.
La devoción tiene raíces profundas en la región. Décadas atrás, trabajadores argentinos y chilenos que participaron en la construcción del gasoducto trasandino levantaron una pequeña capilla dedicada a la Virgen en el hito fronterizo de Buta Mallín, que se convirtió en punto de peregrinación regional especialmente en febrero.
Lileo forma parte del Camino de la Fe, un circuito que recorre capillas, santuarios y monumentos del Alto Neuquén vinculados al legado de los misioneros salesianos. Entre los sacerdotes que marcaron el desarrollo de la región figuran Domingo Milanesio, Marcelo Gardin, Florindo Zandonella, Mateo Gavotto, Bartolomé Panaro y Pedro Martinengo.
Ubicado en el departamento Minas bajo jurisdicción de Los Miches, el paraje Lileo es una pequeña aldea al pie de la Cordillera del Viento, cerca del río de 76 kilómetros de largo que nace en los arroyos de altura y desemboca en el río Nahuev.




