El presidente de China, Xi Jinping, llegó esta semana a Estados Unidos para una visita oficial de tres días, marcada por el recibimiento protocolario de Donald Trump en la Base Conjunta Andrews. El mandatario chino pisó suelo estadounidense por primera vez en once años.
Trump y la primera dama Melania recibieron a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, en una alfombra roja de treinta metros en la pista de aterrizaje. Una guardia de honor acompañó el acto, y dos bombarderos B-1 sobrevolaron la base como parte del protocolo ceremonial.
Este será el tercer encuentro entre ambos mandatarios en menos de un año. La agenda prevé una cena de Estado con figuras del mundo tecnológico, una ceremonia militar con sobrevuelos de cazas, y una visita a los Archivos Nacionales donde se conservan la Declaración de Independencia y la Constitución original estadounidense.
El eje comercial: La principal materia de discusión será la extensión de la tregua comercial que vence el 10 de noviembre. Ambas partes buscan avanzar en un acuerdo conocido como "30 por 30": la eliminación de 30 mil millones de dólares en aranceles por cada lado.
Trump enfrenta una tensión: durante la campaña prometió cerrar importaciones chinas mediante aranceles, pero ahora negocia posibles acuerdos que podrían reducirlos justo antes de las elecciones de mitad de mandato.
Inteligencia artificial y líneas rojas: Washington y Pekín también abordarán la competencia en tecnología de inteligencia artificial, identificada por ambos como clave en el equilibrio de poder económico y militar. Estados Unidos teme que empresas chinas usen modelos estadounidenses para entrenar los propios, mientras China no quiere que la seguridad se use para frenar su desarrollo tecnológico.
Según medios chinos, Pekín establece cuatro temas innegociables: la cuestión de Taiwán (donde espera que Washington reduzca la venta de armas), la democracia y derechos humanos, los sistemas políticos, y el derecho de China al desarrollo económico.




