El proyecto del Súper RIGI, el régimen tributario del Gobierno para atraer mega inversiones en sectores de tecnología de frontera, llega esta semana a su fase final en el Senado. Los legisladores resolverán el miércoles su futuro en una última reunión de comisiones antes del tratamiento en el recinto.
El esquema requiere inversiones mínimas de mil millones de dólares —muy por encima de los 200 millones del RIGI original— y apunta a industrias que todavía no existen en el país: energías renovables, biotecnología e inteligencia artificial. A cambio, ofrece 30 años de estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria.
A diferencia del RIGI clásico, esta versión no abarca proyectos de recursos naturales ni infraestructura, ni beneficia a iniciativas preexistentes. El horizonte de estabilidad tributaria se extiende 5 años más una prórroga adicional.
Durante los debates en comisiones, funcionarios del Ministerio de Economía destacaron que el Súper RIGI permitiría al país ingresar a sectores de vanguardia tecnológica sin competencia local posible. Sin este tipo de incentivos, argumentaron, Argentina quedaría afuera de esas inversiones.
Sin embargo, los senadores de la oposición cuestionaron el impacto en la industria local y la regulación estatal. El senador Jorge Capitanich (Justicialista) advirtió sobre la falta de precisión respecto a qué "nuevas actividades económicas" entran en el beneficio. También generó desacuerdo la flexibilización de cláusulas de "Compre nacional" que contempla el proyecto.
El tratamiento continúa este miércoles a las 16 en el Senado, donde deberá resolverse si el Súper RIGI avanza hacia la firma del dictamen y la votación en la plenaria.




