El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, enfrentó esta semana dos fracasos consecutivos en sus principales iniciativas de reforma.
La primera decisión en caer fue su decreto sobre desregulación de servicios de practicaje y pilotaje en puertos y ríos. La medida generó un paro inmediato en los puertos con pérdidas económicas millonarias. Aunque Sturzenegger se resistió a retroceder, la presión de los actores involucrados lo obligó a suspender la norma. El Gobierno terminó haciendo lo que intenta evitar: sentarse a negociar y buscar consensos.
Días después, el artículo 3 de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada —que permitía la venta ilimitada de tierras a extranjeros— sufrió el mismo destino. El rechazo fue tan amplio que atravesó todo el espectro político y la sociedad civil. El oficialismo debió retirarlo del debate parlamentario antes de sufrir una derrota legislativa.
Funcionarios que trabajaron con Sturzenegger lo describen como alguien que se extralimita, que no mide los costos políticos ni sociales de sus medidas. Lo pintan como el alter ego más radical del presidente Javier Milei.
El ministro, sin embargo, sigue convencido de que ambas iniciativas eran positivas. El jueves justificó la venta de tierras como una elección "entre el miedo y la prosperidad". Incluso relacionó el acuerdo minero de San Juan —250 millones de dólares en inversiones— con los cambios a la Ley de Glaciares, sugiriendo que su fallida reforma de tierras hubiera permitido proyectos similares en todo el país.




