La derrota de San Lorenzo ante Huracán por 2-0 en el Nuevo Gasómetro dejó secuelas que van más allá del resultado deportivo. Apenas cuatro días después del encuentro, alrededor de cincuenta integrantes de la barra se acercaron al lugar de entrenamiento del plantel para dejar clara su molestia.
El partido del domingo fue particularmente amargo para los dirigidos por Néstor Gorosito. El ecuatoriano Jordy Caicedo marcó dos goles —uno en el cierre del primer tiempo y otro en el complemento— mientras que el arquero Orlando Gill fue expulsado tras el segundo tanto, en medio del alboroto que generó el festejo del delantero visitante.
Pero lo que más pesó fue la dimensión histórica de la caída: Huracán no ganaba como visitante en ese estadio desde hace 25 años. Una racha que cortó San Lorenzo en el peor momento posible, cuando el equipo ya venía con problemas de funcionamiento.
Los hinchas expresaron su enojo inmediatamente después del encuentro y, cuatro días más tarde, decidieron llevar la presión hasta la práctica del equipo. Gorosito había pedido mantener la unidad tras el clásico, pero la situación se complicó rápidamente.
San Lorenzo enfrenta este sábado a Unión de Santa Fe desde las 14.30 en el Pedro Bidegain, nuevamente como local. El partido llega cargado de presión: los resultados ya no son opcionales, sino una necesidad inmediata para bajar la tensión que crece dentro y fuera del club.




