La salud mental de los adolescentes atraviesa una crisis. Los datos más recientes del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires revelan que las internaciones por riesgo suicida se incrementaron en un 15% entre 2023 y 2025. Casi tres de cada cuatro casos corresponden a mujeres, y la mitad son chicos de entre 13 y 15 años.
Los especialistas identifican un patrón común en las consultas: adolescentes que reportan sentimientos de vacío, ausencia de esperanza en el futuro, e incapacidad para encontrar sentido a lo que hacen. Muchos tienen historias de bullying, abuso sexual, o han caído en trampas de préstamos y apuestas online.
El ritmo de la época juega en contra. Según la Dra. Silvia Ongini, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital de Clínicas de la UBA, vivimos en "una velocidad maníaca donde todo es ya". Los adolescentes reciben estímulos constantes, de alta intensidad y en permanente cambio, lo que dificulta procesar información y desarrollar pensamiento crítico —que a su vez afecta la toma de decisiones.
La hiperconectividad también disuelve los vínculos genuinos. "En esta velocidad no hay tiempo para la mirada, la escucha asertiva, para el otro", explica Ongini. Los adolescentes necesitan redes de contención en su etapa más vulnerable, pero encuentran en cambio una "soledad en compañía": pertenencia aparente en redes sociales, pero sin vínculos reales.
Otro factor que agrava el panorama es la erosión de las figuras significativas —padres, maestros, adultos de referencia—. La autoridad dejó de ser vertical, pero en muchos casos simplemente desapareció, dejando a los adolescentes sin estructura ni soporte emocional cuando más lo necesitan.
Algunos adolescentes incluso dicen que les resulta más fácil hablar de sus emociones con inteligencia artificial que con un adulto o un compañero. Saben que no hay nadie real detrás, pero aun así la soledad persiste.




