En Ailinco, en el norte neuquino, Rosa Valdez y su familia llevan décadas manteniendo viva la capilla Nuestra Señora de Lourdes. Lo que comenzó como juegos de infancia junto a su esposo Sergio Jorquera se transformó en una responsabilidad heredada de sus padres, cuando la familia Urrutia encargó a los abuelos de Rosa el cuidado del templo.
El pequeño santuario tiene raíces profundas. Nació en 1968, cuando Felipe Urrutia cedió un galpón que funcionaba como almacén. Pero fue recién en 1987 cuando el padre salesiano Ceferino Miase le dio forma definitiva. Desde entonces, se convirtió en punto de encuentro para familias y fieles de toda la región.
Cada febrero llega el momento más importante del año. Rosa y su familia preparan durante los primeros días del mes la celebración del 10 y 11, cuando se honra a la Virgen de Lourdes. La novena comienza el 3 de febrero y atrae a jinetes y peregrinos de distintos puntos. La noche del 10, las antorchas iluminan el camino hacia el calvario, y a la medianoche sucede uno de los momentos más emotivos: el saludo a la Virgen.
Ailinco es el punto de partida del Camino de la Fe neuquino, un recorrido de unos 800 kilómetros que vincula capillas y sitios religiosos desde el norte provincial hasta Villa La Angostura. Para Rosa, que su comunidad marque el inicio de este camino tiene un significado profundo.
Durante el verano, ella y su familia viven en el paraje, cerca del templo. Siguiendo la tradición familiar, continúan una tarea que nunca sintieron como obligación, sino como parte de su propia historia. Quienes visitan la capilla se llevan agua bendita como recuerdo de su paso por Ailinco.
Ailinco se encuentra al norte de Varvarco, en el departamento Minas. Se accede por las rutas provinciales 43 y 54, atravesando los paisajes característicos del Alto Neuquén.




