El coronel mayor retirado Ariel Guzmán dejó su cargo como administrador encargado de la liquidación del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA), en medio de una transición caótica que deja a la institución con una deuda superior a los $213.000 millones en prestadores de salud.
La renuncia ocurrió después de que el ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti, lo pidiera personalmente en una reunión el miércoles. Según trascendió, Presti estaba disconforme con el ritmo del proceso de liquidación.
El conflicto de fondo es la división que el Gobierno hizo para desmantelar el viejo IOSFA: la nueva Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) recibe los aportes de los militares, mientras que la estructura residual del IOSFA quedó encargada de pagar la deuda acumulada. El problema es que ambas instituciones siguen brindando atención médica simultáneamente, generando confusión entre prestadores y pacientes.
Guzmán había planteado preocupaciones al ministro porque el presidente de OSFA, el general de brigada Pablo Guillermo Plaza, pidió que la estructura residual del IOSFA continúe atendiendo más allá del 30 de septiembre, la fecha que originalmente se fijó para cerrar esa función.
La crisis también tiene impacto laboral: el sindicato ATE denunció que hay 600 puestos de trabajo en riesgo y convocó a una protesta frente a la sede central de Buenos Aires. Además, farmacéuticas, centros médicos y balnearios que dependían de la obra social están en incertidumbre sobre su continuidad.
Con la salida de Guzmán, la transición queda más complicada: todavía no está claro quién se hará cargo de resolver la deuda masiva ni cómo se normalizará la atención de los afiliados.




