Desde 1940, el predio ubicado a orillas del río Limay funciona como un centro vivo de producción, educación y memoria. Su trayectoria de ocho décadas y media refleja la transformación misma de la región del Comahue.
Antes de que los peces ocuparan sus piletas, el sitio ya formaba parte de la historia productiva local. En 1908 se construyó allí una estación de bombeo diseñada por el ingeniero César Fattore, cuya función era impulsar agua hacia los canales de riego mediante motores a vapor. Durante dos décadas, esa infraestructura sostuvo el crecimiento agrícola del valle. Cuando el sistema de riego por gravedad hizo innecesarias las bombas, el predio comenzó a reinventarse.
La Piscicultura Río Limay nació en 1940 con una misión clara: criar y liberar alevinos de truchas, salmones y otras especies acuáticas en ambientes naturales de la región. Esa tarea contribuyó al desarrollo de la pesca deportiva y, con el tiempo, a la valoración de la biodiversidad local.
Lo que distingue al lugar no es solo su función productiva. Desde 1992, escuelas, jardines y grupos de estudiantes llegan hasta sus piletas para vivir experiencias educativas directas: aprender sobre ecosistemas acuáticos y, lo más importante, liberar con sus propias manos un pequeño pez al río. Para varias generaciones de neuquinos, ese momento quedó grabado como el día en que descubrieron que la naturaleza se cuida con acciones concretas.
La arquitectura del predio también es parte de su valor. Las construcciones de principios del siglo XX conservan rasgos de la arquitectura pintoresca y ecléctica de la época, y funcionaron incluso como sede de la Escuela N.º 60, considerada el primer establecimiento educativo de Plottier. Esos edificios siguen siendo testimonios vivientes del desarrollo productivo que transformó el valle.
A 85 años de su creación, el desafío está en preservar ese legado sin congelarlo en el pasado. La recuperación del patrimonio edificio, la modernización de las instalaciones y el fortalecimiento de sus programas educativos abrirían la puerta a consolidar un espacio que sea, simultáneamente, ambiental, educativo, histórico y cultural para las próximas generaciones.
La piscicultura de Plottier es, así, mucho más que un sitio para criar peces. Es un fragmento vivo de la historia del Limay y de la transformación de Neuquén: primero como ingenio de bombeo, luego como centro de producción, después como aula abierta. Sus aguas siguen contando esa historia, y el desafío ahora es asegurar que continúe fluyendo hacia el futuro.




