Apenas cruzás el movimiento del centro de Neuquén capital y en pocos minutos de auto o a pie, el paisaje se transforma. Desaparece la aridez de las bardas y aparece un corredor verde de 28 hectáreas junto al río: el Parque Agreste, ese rincón que la primavera convierte en un destino imprescindible para quienes buscan aire libre sin salir de la ciudad.
Ubicado en los alrededores del barrio Rincón de Emilio, el espacio ribereño ofrece más de cuatro kilómetros de senderos de baja dificultad para caminar o andar en bicicleta. Lo que lo hace especial es el contraste: mientras afuera domina la aridez característica de la región, aquí sauces criollos, álamos blancos y negros, olmos y fresnos crean un ambiente casi de oasis a orillas del río.
El parque fue inaugurado oficialmente en diciembre de 2020 con la intención de acercar a vecinos y visitantes a la naturaleza del río. Cuenta con sendas peatonales, bancos y cestos de residuos para facilitar el recorrido.
Un cambio de paisaje gracias a las represas
La vegetación abundante que ves hoy no siempre fue así. La regulación del río por las represas modificó el régimen de crecidas, estabilizó las costas y permitió que se desarrollara una flora más diversa. Es por eso que donde antes había arena y erosión constante, ahora crece una vegetación frondosa que prospera con el agua y el suelo fértil de la ribera.
Aves a cada paso
Caminar por el Parque Agreste es también oportunidad de observar la fauna local. Patos overos, barcinos y maiceros conviven con macás, cisnes de cuello negro y coscoroba. Si prestás atención a los sonidos, también encontrás horneros, zorzales, calandrias, carpinteros y golondrinas entre la vegetación. El avistaje de aves es una de esas actividades que invita a detenerse y escuchar.
Con primavera a pleno, es el momento ideal para descubrir ese bosque ribereño que la aridez de la región hace aún más valioso.




