El pontífice encendió las alarmas sobre los riesgos de la inteligencia artificial durante su visita a París. Advirtió que la formación ética de las personas se volvió fundamental para no perder nuestra humanidad mientras la tecnología invade la vida cotidiana.
Durante su encuentro con el presidente Emmanuel Macron en el Palacio del Elíseo, León XIV planteó una preocupación que ya venía desarrollando: las máquinas avanzan más rápido que nuestra capacidad moral de entenderlas. "Para no perder nuestra humanidad, es urgente formar las mentes con un criterio ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno", señaló.
El tema no es nuevo en su papado. Hace meses, en su encíclica Magnifica Humanitas, reconoció que la IA ofrece herramientas valiosas, pero advirtió que no pueden estar al servicio del lucro ni concentradas en pocas empresas.
Durante el discurso de este viernes, el Papa fue más allá: cuestionó los derivados más oscuros del avance tecnológico. Mencionó explícitamente su preocupación por la manipulación genética, la gestación subrogada con fines comerciales, el tráfico de órganos y hasta la posibilidad de planificar la propia muerte bajo criterios económicos.
Su viaje apostólico por Francia se extenderá hasta el 28 de septiembre, con una intervención prevista en la UNESCO específicamente sobre los desafíos de las nuevas tecnologías.




