Cuando a una persona se le diagnostica cáncer durante sus años reproductivos, surge una preocupación que durante décadas quedó fuera de la conversación médica: la posibilidad de perder la capacidad de tener hijos después del tratamiento.
A medida que mejoraron las tasas de supervivencia del cáncer, este tema ganó relevancia. Hoy, muchos pacientes logran curarse o convivir años con la enfermedad, lo que desplazó la atención hacia la calidad de vida después de finalizar la terapia.
En ese contexto, la oncofertilidad —la disciplina que combina oncología y medicina reproductiva— comenzó a ganar protagonismo. Se trata de estrategias para preservar la capacidad reproductiva antes de iniciar tratamientos que pueden afectar los órganos sexuales.
¿Por qué es importante la detección temprana?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la infertilidad afecta a una de cada seis personas en el mundo. Los tratamientos oncológicos pueden comprometer temporal o permanentemente la función reproductiva, según la edad, el tipo de cáncer, la dosis y la combinación de terapias.
Natalia Tarducci, especialista en ginecología y medicina reproductiva, señala que muchas personas llegan al diagnóstico en plena etapa de vida reproductiva y aún no formaron una familia. "Poder conversar esto a tiempo cambia completamente el panorama", explicó.
Opciones disponibles
El trabajo interdisciplinario permite diseñar estrategias adaptadas a cada caso. Entre las alternativas se encuentran la estimulación ovárica controlada, congelación de esperma y derivación a cirujanos especialistas en fertilidad.
El tiempo es crítico. La clave está en la derivación temprana, enfatiza Tarducci, ya que muchas estrategias deben ejecutarse en las primeras 24 a 48 horas después del diagnóstico oncológico.
El médico tratante debe solicitar estudios específicos y brindar asesoramiento sobre riesgos y beneficios de cada opción disponible para que el paciente pueda tomar una decisión informada respecto a su futuro reproductivo.




