La lucha contra el microtráfico en Neuquén trasciende los expedientes y los allanamientos. Es, fundamentalmente, una disputa por el territorio y por las condiciones de vida en los barrios.
Desde que la provincia asumió la persecución del microtráfico —mediante la Unidad Fiscal de Narcocriminalidad creada en febrero de 2025—, los resultados comienzan a mostrarse en números concretos: 197 condenas alcanzadas y el secuestro de numerosos bienes vinculados a la actividad delictiva.
Mariana Querejeta, asistente letrada de la unidad especializada, subraya un punto que no aparece en los expedientes: sin la participación activa de los vecinos, esta pelea es imposible de ganar. Las denuncias de la comunidad dibujan el mapa del problema y orientan las investigaciones hacia dónde están los puntos de venta.
La desfederalización permitió que Neuquén construya una estrategia propia, coordinando trabajo entre el Gobierno provincial, la Policía, la Justicia, los municipios y los ciudadanos. No es solo una decisión de persecución penal: es una apuesta por recuperar espacios para las familias y sacar la droga y las armas de las calles.
Los bienes incautados se reasignan para fortalecer investigaciones y planes de salud. La próxima meta es profundizar el diálogo con el fuero federal para seguir la ruta de la droga desde su origen hasta los puntos territoriales donde se vende.
Con casi dos décadas de experiencia en narcocriminalidad, Querejeta considera que este cambio de escala —de lo federal a lo provincial— es el camino que debe transitar el estado para impactar donde realmente viven los neuquinos.




