Desde hace más de dos décadas, la Mutisia (conocida como Quiñilhue en mapudungun) es la flor oficial de Neuquén. Su nombre científico es mutisia decurens, y sus pétalos anaranjados intensos la hacen inconfundible en los paisajes patagónicos donde crece entre otras plantas autóctonas.
La flor fue declarada símbolo provincial por ley en 2004, reconociendo su importancia en la identidad regional. Lo particular es que detrás de ella existe una leyenda ancestral mapuche que explica su origen.
La historia de dos enamorados
Según la tradición oral, hace siglos en las cercanías del volcán Lanín vivían dos tribus que se odiaban profundamente. El hijo del cacique de una y la hija del cacique de la otra se enamoraron en secreto, sabiendo que sus familias nunca lo permitirían.
Una noche, durante una ceremonia sagrada, una machi (hechicera) descubrió a la pareja huyendo juntos. Consultó al pillán (deidad) sobre si debía revelar la fuga, y la respuesta fue afirmativa. El cacique ordenó su captura inmediata.
Los jóvenes fueron juzgados por traición tribal y ejecutados públicamente, atados a un poste. Al amanecer siguiente, en ese mismo lugar brotaron flores nunca antes vistas: flores de pétalos naranjas que la comunidad llamó Quiñilhue.
Un símbolo del arrepentimiento
Los mapuches interpretaron la aparición de estas flores como una señal divina: las almas de los enamorados habían sido acogidas por Futa Chao en el cielo, mientras que la flor quedaba como testigo eterno de su amor injustamente castigado. La enredadera que trepa y se abraza a los árboles se convirtió en metáfora de esos dos cuerpos que no pudieron estar juntos en vida.
Hoy, la Quiñilhue sigue siendo parte del paisaje neuquino, recordando una historia que mezcla lo sagrado mapuche con el romance más humano.




