El Gobierno libertario acaba de anunciar el nombramiento de Javier Lanari como director del Banco Nación, lo que marca un raro caso de rehabilitación dentro de la administración. Lanari, quien fuera número dos del vocero Manuel Adorni, fue expulsado de la Secretaría de Comunicación semanas atrás tras la investigación contra su jefe por presunto enriquecimiento ilícito.
Según reportes, fue Karina Milei quien le ofreció el cargo en el banco estatal, ahora bajo la dirección de Darío Wasserman. En su nuevo puesto cobrará entre seis y siete millones de pesos mensuales e integrará las comisiones del organismo.
Sin embargo, los casos de reubicación son la excepción más que la regla en la Casa Rosada. La mayoría de los funcionarios desplazados terminaron fuera del sistema.
Guillermo Francos, expulsado de la Jefatura de Gabinete, logró conservar su lugar en el directorio de YPF, donde percibe alrededor de US$20.000 mensuales. Lo mismo sucedió con Lisandro Catalán, exministro del Interior, quien mantiene su posición en la petrolera estatal con idéntico salario.
El caso de Demian Reidel resulta más controvertido. Tras abandonar Nucleoeléctrica Argentina bajo acusaciones de corrupción y sobreprecio en licitaciones, reaparece como asesor del presidente, colaborando en documentos sobre política económica.
La pauta general en el Gobierno libertario sigue siendo otra: los funcionarios que pierden favor terminan en el ostracismo o deben buscarse su propio camino. Las segundas oportunidades siguen siendo un lujo de pocos.




