El equipo económico del presidente Javier Milei evitó que Argentina cayera en hiperinflación o reestructuración de deuda cuando asumió hace casi dos años, pero el proceso de recuperación sigue siendo frágil y está lejos de completarse, advierte Carlos Pérez, exdirector del Banco Central.
En análisis realizado por la Fundación Capital, Pérez utiliza una comparación médica clara: la economía argentina "salió de terapia intensiva pero sigue en el hospital". Durante el inicio de la gestión Milei, el país enfrentaba riesgos extremos que amenazaban tanto la estabilidad macroeconómica como el acceso a dólares.
Entre los logros que reconoce figuran el ordenamiento fiscal, la prudencia en la emisión monetaria y la desaceleración de la inflación. Sin embargo, dos variables siguen siendo críticas: las reservas internacionales y la reactivación de la actividad económica real.
El dilema de las reservas
La Argentina perdió alrededor de US$9.000 millones en reservas durante 2025, pero logró recuperar esa caída en los primeros siete meses de 2026, cuando el Banco Central compró casi US$14.000 millones. El problema es que ese ritmo cayó notoriamente en agosto y gran parte de septiembre.
La disponibilidad de dólares tiene una conexión directa con el costo que paga Argentina para financiarse. Entre abril y julio, cuando las compras de divisas superaban los US$100 millones diarios, el riesgo país bajó de 600 a 400 puntos. Volvió a los 600 apenas se redujo la intensidad de las compras.
Economía desigual
Mientras algunas variables financieras mejoran, la economía real muestra un panorama desparejo. Hay "sectores estrella" como agricultura, energía y minería que generan divisas pero no empleo, mientras que industria, construcción y comercio —empleo-intensivos— sufren contracción.
Esa disparidad genera un problema social: los sectores que ganan no crean puestos de trabajo, y los que podrían generarlos están en recesión.
Las incógnitas de 2027
De cara al año electoral, Fundación Capital trabaja con dos escenarios. El más favorable proyecta una expansión de 2% con inflación menor al 20% —lejos del 4% que el Gobierno incluye en su presupuesto.
El escenario alternativo es más severo: sin crecimiento, inflación cercana al 30% anual y presión sobre el tipo de cambio, replicando en parte lo que ocurrió en 2025, otro año electoral.




