A doce años de la desaparición de Melina Romero, el caso sigue resonando como un reflejo de las grietas en la investigación de crímenes contra mujeres jóvenes. La adolescente de 17 años salió del boliche Chankanab en San Martín la noche del 24 de agosto de 2014, poco después de celebrar su cumpleaños. Un mes después, su cuerpo apareció a orillas del arroyo Morón.
Durante la investigación policial y judicial, los interrogantes se desviaron hacia su vida privada: que había dejado de estudiar, que salía todas las noches. El foco no estuvo en quién la lastimó, sino en por qué ella supuestamente merecía serlo. En 2017, la justicia condenó a Joel "Chavito" Fernández a 13 años de prisión por homicidio preterintencional y privación ilegítima de la libertad. Los demás implicados fueron liberados por falta de pruebas.
Su madre, Ana María Martínez, sostiene que la condena es incompleta: Fernández no actuó solo y la carátula legal nunca contempló el femicidio. El reclamo persiste junto a la pregunta que desmorona las investigaciones de género en Argentina: una sociedad que enseña a las niñas a no ser violadas, en lugar de enseñar a los varones a no ser violadores.




