El presidente francés Emmanuel Macron salió al aire por televisión para responder a los graves disturbios que sacudieron a Francia durante el fin de semana. Con un tono sombrío, cuestionó públicamente: "¿Cómo pueden hacerle esto a los franceses?"
Los incidentes dejaron un saldo de más de 2.000 detenidos y cientos de efectivos policiales heridos. Entre los hechos más graves, el gobierno documentó el incendio intencional de un edificio histórico del siglo XIX en la ciudad de Limoges, que sufrió un derrumbe parcial.
Macron fue categórico en su mensaje: "Nada lo explica, nada lo justifica; todos sentimos rabia y vergüenza". Sin embargo, distinguió entre los manifestantes con demandas legítimas —estudiantes y sindicatos que reclaman contra el alto costo de vida y exigen mejoras educativas— y quienes calificó como "delincuentes y extremistas de ultraizquierda".
En cuanto a medidas concretas, anunció que su administración será inflexible: quienes destruyeron propiedades deberán enfrentar consecuencias legales, y otorgó a las autoridades regionales facultad para prohibir concentraciones públicas. Además, convocará durante esta semana mesas de diálogo con estudiantes, docentes y sindicatos para trabajar en propuestas que aborden las preocupaciones sobre educación y costo de vida.




