A pesar de dos aumentos consecutivos del 5 %, los trabajadores japoneses que cobran el salario mínimo enfrentan dificultades para llegar a fin de mes. El monto actual alcanza 1.177 yenes por hora —unos 6,50 euros—, muy por debajo de lo que perciben sus pares en Francia e Inglaterra, donde superan los 12 euros.
La realidad golpea duro: casi el 40 % de la fuerza laboral japonesa tiene empleos precarios, y muchos de ellos viven al límite. Una trabajadora de unos 40 años, que come solo dos veces al día, comentó que el aumento "es mejor que nada", pero insuficiente. Vive con su madre porque su sueldo no le permite pagar alquiler, y ambas enfrentan la angustia de una jubilación incierta con pensiones miserables.
Para los pequeños negocios, el incremento también genera presión. Un restaurador que emplea jóvenes con salario mínimo reconoce que un aumento del 10 % en dos años es difícil de absorber en su flujo de caja, especialmente cuando los clientes reducen gastos por inflación.
Brecha con promesas políticas: La primera ministra Sanae Takaichi anunció que el salario mínimo no alcanzará los 1.500 yenes —aproximadamente 8 euros— hasta la década de 2030. Su antecesor, Shigeru Ishiba, había prometido lograrlo antes de que terminara 2020.




