Mientras Argentina logró estabilizar la macroeconomía, la realidad de fábricas, comercios y construcción es otra. La industria cayó casi 6%, el comercio sigue retrocediendo y la actividad real pierde impulso, según advirtió el economista Diego Coatz, director ejecutivo de Desarrollo Industrial.
El crecimiento que muestra el país en estos meses está concentrado en sectores extractivos: minería, petróleo y agro. El problema es que esas actividades representan menos del 7% del empleo total en Argentina. Su expansión no alcanza para compensar los puestos de trabajo perdidos en el resto de la economía.
Las pequeñas y medianas empresas sufren particularmente. Coatz explicó el círculo vicioso: cuando la actividad económica es débil, el consumo no repunta, los salarios caen y el empleo formal también disminuye. Las pymes tienen menos margen para adaptarse a esta triple presión, mientras que muchas enfrentan problemas para cobrar cheques y sufren pérdida de ventas.
Este escenario acelera la concentración económica: empresas grandes absorben mercado de las pequeñas que no resisten. Coatz reconoce que la estabilidad cambiaria y la desaceleración de la inflación son logros importantes, pero insuficientes. "La estabilidad tiene que venir acompañada de crecimiento económico y de sectores productivos que generen empleo", afirmó.
Otro problema que señala es la política de apertura comercial en un contexto global donde muchos países protegen su industria con subsidios y créditos estatales. Productos importados, especialmente de China, llegan al mercado argentino con fuertes ventajas que las pymes locales no pueden competir. "El mundo hace política industrial. Argentina, en cambio, va en sentido contrario", alertó Coatz.




