La región enfrentará un escenario climático inestable que se prolongará hasta mediados de noviembre, con heladas tardías como la amenaza más seria para los cultivos de frutos secos de los valles irrigados neuquinos.
Así lo advirtió la especialista en bioclimatología agrícola Andrea Rodríguez durante una jornada técnica organizada por el Centro PyME-ADENEU del Gobierno provincial. El análisis se basa en el comportamiento de temperaturas y precipitaciones de los últimos 50 años.
El principal riesgo está en el cuajado del fruto. A fines de octubre y principios de noviembre, cuando la producción alcanza su etapa más vulnerable, un solo evento de helada sin posibilidad de protección puede comprometer toda la cosecha del año. En ese momento, los árboles tienen poca capacidad para soportar bajas temperaturas extremas.
Julio pasado dejó un antecedente preocupante: los valles acumularon entre 72 y 78 milímetros de lluvia, casi el doble del promedio histórico de 30 a 40 milímetros. Fue el registro máximo de las últimas cinco décadas.
Tendencias que marcan el cambio climático. Los datos de cinco décadas muestran dos patrones claros: aumento sostenido de temperaturas máximas, con olas de calor más intensas, y mayor frecuencia de tormentas de granizo entre octubre y marzo.
Ante esto, Rodríguez recomendó profundizar el monitoreo de temperaturas en cada establecimiento. Si bien las estaciones del INTA dan una orientación regional necesaria, el dato más útil es el comportamiento térmico específico de cada chacra, que permite organizar mejor las defensas durante la noche de helada.
También sugirió realizar estudios agroclimáticos previos antes de incorporar nuevas variedades o ampliar cultivos como frutos secos, para evaluar necesidades de frío y riesgos de floración anticipada.




