La aerolínea de bajo costo que llegó a prometer grandes planes de crecimiento enfrenta ahora una situación crítica que pone en riesgo su continuidad operativa.
Los números hablan por sí solos. Aunque Flybondi informaba tener entre 12 y 15 aeronaves, actualmente apenas entre uno y tres aviones están en servicio. El resto permanece parado: unos por problemas de mantenimiento, otros atrapados en conflictos de leasing y deudas pendientes.
En el último año, la empresa acumuló aproximadamente 2.500 cancelaciones de vuelos, dejando tirado a más de 350.000 pasajeros. Solo en mayo, casi la mitad de los vuelos programados se cancelaron y la puntualidad rondó el 26%, muy lejos de lo que ofrecen otras compañías.
El desmoronamiento interno
Adentro de la compañía las cosas no andan mejor. La directora ejecutiva Paz Lovisolo se fue después de pocos meses en el cargo, y otros ejecutivos clave también abandonaron sus posiciones. Con los trabajadores, la empresa negoció suspensiones rotativas pagando el 70% del salario, mientras unos 300 empleados se fueron con retiros voluntarios. Exempleados reclaman atrasos en indemnizaciones e incumplimiento de acuerdos.
Deudas de gigante
Manuel Tienda León demanda por más de 122 millones de pesos por servicios impagos. Peor aún, Hotel Presidente pidió judicialmente la quiebra de Flybondi por una deuda superior a 660 millones de pesos en servicios hoteleros. Aunque ese pedido fue rechazado por cuestiones técnicas, la demanda sigue adelante.
La paradoja es que todo esto ocurre poco después de que Flybondi anunciara inversiones por 1.700 millones de dólares e incorporación de 35 nuevas aeronaves en la próxima década. Hoy, esas promesas y la realidad están a años luz de distancia.
Con una flota mínima, conflictos en tribunales, deudas crecientes y pasajeros afectados, la aerolínea atraviesa probablemente su momento más delicado desde que comenzó operaciones.




