El empresario Mauricio Filiberti se encuentra en el centro de la puja por privatizar Agua y Saneamientos Argentinos (AySA). Su empresa Transclor no solo abastece productos químicos a la compañía estatal desde hace años, sino que además integra uno de los dos grupos que compiten por controlar el 90% de las acciones.
Transclor forma parte de un consorcio liderado por Rowing S.A., junto con la brasileña Arcos Saneamento e Participações y PHX, un fondo de inversión holandés. Esta alianza compite contra el grupo encabezado por Roggio ROAS S.A.U., vinculado al Grupo Roggio.
La situación genera interrogantes sobre conflictos de interés. Transclor provee insumos derivados de cloro-soda y policloruro de aluminio para la potabilización del agua. Si el consorcio gana la licitación, quedará sin resolver cómo se adjudicarán los contratos de compra, cómo funcionarán los mecanismos de competencia con otros proveedores y cuál será el rol de las empresas vinculadas.
La trama se complejiza porque Filiberti también participa en Edenor, la distribuidora eléctrica que sirve al norte del Área Metropolitana y que tiene a AySA como cliente estratégico. Transclor amplió recientemente su objeto social para habilitar inversiones en empresas de servicios públicos, un cambio que coincidió exactamente con el lanzamiento de la licitación.
El futuro operador deberá invertir más de 2.000 millones de dólares entre 2027 y 2031 para expandir las redes de agua y cloacas. AySA actualmente presta servicio a 14 millones de personas en la Ciudad de Buenos Aires y 26 municipios del conurbano.
El Ente Regulador de Agua y Saneamiento (ERAS) tendrá en sus manos establecer reglas claras sobre licitaciones de insumos, control de precios, auditorías y transparencia en los vínculos comerciales entre el futuro controlador y sus empresas relacionadas.




