Las enfermedades respiratorias son la segunda causa de muerte en adultos mayores, una realidad que cobra mayor importancia a medida que envejecemos. Con los años, el sistema inmunológico pierde capacidad de defensa, dejando a las personas más vulnerables frente a neumonías, EPOC, asma y otras patologías del aparato respiratorio.
Según la Dra. Gloria Apelbaum, neumonóloga del Hospital de Clínicas de la UBA, los riesgos aumentan cuando hay antecedentes de diabetes, tratamientos con corticoides o historial de tabaquismo. El humo del cigarrillo genera inflamación crónica y amplifica el riesgo de tumores malignos, enfermedades cardiovasculares y deterioro progresivo de la función pulmonar.
Prevención desde joven
La mejor defensa es construirla desde antes de llegar a la vejez. Esto significa mantener controles médicos periódicos, alimentación balanceada, descanso adecuado y actividad física acorde a la edad. En pacientes mayores se recomiendan controles cada seis meses.
Vacunas: la herramienta clave
Mantenerse al día con el calendario de vacunación es fundamental. En adultos mayores cobran especial importancia las inyecciones contra gripe, neumonía, virus sincicial respiratorio y COVID. Este último requiere refuerzos anuales por las mutaciones del virus.
El virus sincicial respiratorio (VSR) ha mostrado aumento en los últimos años, ocasionando cuadros respiratorios graves que en algunos casos requieren internación.
En lo cotidiano
Evitar espacios cerrados con aglomeración de personas, usar barbijo en esas situaciones e insistir en higiene de manos son medidas prácticas y efectivas. Para quienes viven con asma, seguir el tratamiento prescrito de por vida y controlar otras enfermedades crónicas marca la diferencia en la calidad y expectativa de vida.




