En las últimas horas se registraron dos incidentes en vuelos internacionales que encendieron las alertas en la industria aeroportuaria.
Un Boeing 777 de Swiss International Air Lines que viajaba desde Chicago hacia Zúrich debió cambiar su rumbo y aterrizar en la isla portuguesa de Terceira. La decisión se tomó cuando los pilotos detectaron un olor inusual en la cabina de pasajeros. A bordo estaban 222 pasajeros y 16 integrantes de la tripulación.
Seis personas a bordo —cinco viajeros y un empleado— sufrieron molestias como irritación en los ojos, náuseas y dolores de cabeza. Todos fueron evaluados en tierra y se recuperaron sin necesidad de atención médica adicional. Los pasajeros fueron trasladados en un nuevo vuelo para completar su trayecto.
En paralelo, un Boeing 737-800 de Ethiopian Airlines que realizaba un vuelo nocturno entre Jartum y Adís Abeba enfrentó una situación aún más delicada: ambos pilotos se quedaron dormidos durante el trayecto, lo que ocasionó que la nave perdiera su rumbo planificado.
Ambos incidentes ponen nuevamente el foco en la seguridad aérea y los protocolos de vigilancia en cabina.




