El clínico Pedro Di Spagna, acusado en el juicio por la muerte de Maradona, presentó su última declaración ante los tribunales con un énfasis central: desvincularse de las instituciones médicas que asistían al astro en noviembre de 2020.
"No tenía ningún contrato de trabajo con Swiss Medical ni con Medidom en esa fecha", fue el punto más enfático de su testimonio, diferenciándose así de la estructura asistencial formal que rodeaba al futbolista.
Di Spagna detalló cómo fue su acceso a la información médica cuando llegó al domicilio de Tigre: contaba apenas con una tomografía computada que mostraba un hematoma subdural, sin documentación clínica adicional que contextualizara el cuadro del paciente. Explicó que en esa época Maradona estaba en período de recuperación posterior a una cirugía realizada en la Clínica Olivos.
Sobre su rol específico, aclaró que sus intervenciones siempre fueron mediante sugerencias: estudios complementarios y revisión nutricional. "Nunca di órdenes, solo recomendaciones", fue el sentido de su defensa.
Una de sus afirmaciones clave fue señalar a Forlini como "el único nexo entre todos" —él mismo, Maradona, la familia, los médicos y el personal de enfermería—, sugiriendo que la coordinación de la atención pasaba por ese intermediario y no directamente por su actuación.




