El economista y empresario Gustavo Lázzari advierte sobre una crisis de endeudamiento que atraviesa a familias y pequeñas empresas argentinas. La recuperación económica de los últimos meses no ha llegado a quienes cargan con costos fijos cada vez más altos, impuestos ocultos en las tarifas y acceso limitado al crédito.
Según Lázzari, muchas compañías arrastran problemas acumulados de años: falta de inversión, deudas previas y litigios pendientes. No empiezan de cero cuando cambia un gobierno, señala, sino que cargan con su propio historial.
El año pasado, con tasas de interés cercanas al 200%, empresas y particulares buscaron refinanciar deudas al 120% o 130%. Una velocidad de endeudamiento insostenible que auguraba lo que ya se ve: familias pidiendo ser despedidas para cobrar indemnizaciones y cancelar lo que deben, empresas sin acceso al sistema financiero formal por problemas impositivos.
En una reunión con empresarios en Corrientes, Lázzari se encontró con una realidad alarmante: de diez propietarios consultados, siete reportaban empleados solicitando despido para resolver sus deudas. "Nunca había escuchado algo así", relata.
El verdadero cuello de botella, sostiene, no es solo el volumen de ventas sino los costos fijos imparables. Luz, gas, transporte, logística, peajes. Un camión de reparto que viaja diariamente entre Buenos Aires y La Plata paga en peajes más de lo que cuesta amortizar el vehículo completo.
La trampa está en las tarifas de servicios públicos. La gente paga luz, pero en realidad paga también impuestos escondidos en esa factura. Lázzari reclama una reforma tributaria que baje la carga impositiva incorporada en servicios, no un atraso de tarifas que solo demora lo inevitable.




