Un eccema que aparece en los primeros años de vida puede ser el primer paso de una cadena de enfermedades alérgicas que se extiende hacia el asma y otras dolencias inflamatorias. Los expertos denominan este fenómeno "marcha atópica": una trayectoria clínica donde la dermatitis atópica precede y puede desencadenar rinitis alérgica, alergias alimentarias y asma, entre otras afecciones.
Aunque suena alarmante, la secuencia no es inevitable. Detectar y tratar la inflamación de la piel en etapas tempranas abre una ventana de oportunidad para frenar o modificar esta progresión, según especialistas que convergieron en Buenos Aires en el congreso InmunoXperience 2026.
El alcance del problema en la región
En América Latina, la dermatitis atópica afecta a porcentajes importantes de la población infantil. En Argentina, se estima que alcanza al 9,7% de los niños. En países vecinos, los números son más altos: Colombia reporta 20,9% en menores de 6 a 7 años y 24,6% en adolescentes, mientras que Ecuador llega al 22,5% en el mismo grupo etario. En México, más del 10% de la población padece esta enfermedad.
El asma acompaña este cuadro. En Colombia se documentó una prevalencia de síntomas del 10,4%, y en México, estudios escolares muestran sibilancias en 10,2% de niños de 6 a 7 años y 11,6% de adolescentes.
¿Cómo funciona esta cadena?
La marcha atópica describe una trayectoria donde la piel inflamada en la infancia temprana puede abrir el camino a otras enfermedades alérgicas. Los mecanismos inmunológicos subyacentes involucran patrones de inflamación tipo 2 que afectan tanto la piel como las vías respiratorias y otros órganos.
No todos los niños con dermatitis atópica desarrollan asma o rinitis, pero el reconocimiento de este patrón permite intervenir de forma temprana e integral, modificando potencialmente el curso de la enfermedad y mejorando la calidad de vida de los pacientes.




