La tradición chocolatera de Neuquén no es cosa de hace poco. Viene desde las raíces europeas de los primeros pobladores y evolucionó con los paisajes, productos y costumbres que caracterizan a la Patagonia. Hoy, esa herencia sigue viva en emprendimientos que ponen identidad provincial en cada barra, praline o dulce que producen.
Tres establecimientos artesanales recibieron recientemente el Sello de Distinción de la Gastronomía Neuquina. Cada uno está ubicado en un rincón diferente de la provincia y tiene su propia impronta.
En Junín de los Andes, Mushinka Chocolates mezcla el paisaje de montaña con una historia particular. Su creadora, Jennifer Kpolikv Dávila, combina chocolate, frutos secos y especias patagónicas con sabores de sus raíces cubanas. Es geografía en un bocado: Andes y Caribe en la misma creación.
En Villa Pehuenia, Chokolhaa Chocolatería aprovecha uno de los escenarios más característicos de la región: bosques de araucarias y lagos cordilleranos. El chocolate se convierte ahí en parte del viaje, un sabor que complementa el recorrido turístico.
Centenario cierra el triángulo con Rincón del Chocolate, que dibuja su oferta desde el paisaje de los valles y la producción regional.
Tres lugares, tres estilos, una tradición que sigue escribiendo historias. Quien quiera probar puede buscarlos en redes: @rincon.delchocolate, @mushinka_chocolates y @chokolhaa.




