Este 26 de agosto se cumplen 140 años del nacimiento de Ceferino Namuncurá, una figura central en la historia espiritual de la Patagonia. En San Ignacio, a 60 kilómetros de Junín de los Andes sobre la ruta 40, su memoria permanece viva en el Santuario Kultrún, donde descansan sus restos desde 2009.
El beato nació el 26 de agosto de 1886, hijo del cacique Manuel Namuncurá y Rosario Burgos, nieto del famoso cacique Calfucurá. Su corta vida estuvo marcada por episodios que su comunidad interpretó como milagrosos: siendo pequeño, cayó al río Negro y fue arrastrado por la corriente, pero sobrevivió.
Bautizado a los dos años por el sacerdote salesiano Domingo Milanesio, a los once años viajó a Buenos Aires para estudiar. Pasó por el Colegio Militar, pero durante el trayecto solicitó cambiar de institución y terminó ingresando al Colegio Salesiano Pío IX, donde recibió su primera comunión en 1898.
Su trayectoria combinó la formación académica con una fuerte vocación de servicio. En Viedma contrajo tuberculosis y conoció a Artémides Zatti, el enfermero salesiano que décadas después sería canonizado. Viajó a Europa junto a monseñor Juan Cagliero y fue recibido por el papa Pío IX en Roma. Continuó sus estudios en Frascati, pero su enfermedad avanzó y murió en el hospital Fatebenefratelli el 11 de mayo de 1905.
Hoy, el Santuario Kultrún representa un encuentro singular entre la espiritualidad cristiana y la identidad mapuche. Su estructura circular de doce metros de altura está inspirada en el kultrún, instrumento sagrado de la cultura mapuche. En sus ventanas de colores permanece inscrita la frase que definió su vida: "Quiero ser útil a mi gente".




