El bolsillo de los argentinos se resiente con el precio de la carne. Según datos de la industria cárnica, el consumo per cápita cayó a 46 kilos anuales en agosto, lo que significa casi 5 kilos menos que el año anterior.
La retracción es directa: mientras el consumo general cae 9,5%, los precios suben sin freno. Los cortes vacunos escalaron 51,2% interanual, con aumentos aún más pronunciados en rubros específicos. La carne picada común subió 52,7%, el asado 52,1% y el cuadril 51,9%.
Estos incrementos superan con creces la inflación general. Mientras el IPC acumuló 33,7% interanual, el rubro cárnico trepó a 42,3%. El pollo, en comparación, apenas avanzó 24,2%, lo que hace cada vez más difícil que la carne vacuna compita en las mesas.
El problema de fondo está en la oferta. La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes explica que la reducción de animales enviados a faena provocó una contracción del abastecimiento de 11,3% en los primeros ocho meses del año.
En paralelo, ocurre lo opuesto en el mercado externo: las exportaciones crecen 6,5%, impulsadas por acuerdos con Estados Unidos que otorgó cuotas especiales a fines de 2025. Mientras adentro escasea, afuera se vende más.




