El presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, evalúa tomar el control directo de la Federación Burkinesa de Fútbol luego de la contundente derrota 7-0 que su selección Sub 23 sufrió frente a Argentina en el estadio Monumental de Buenos Aires.
Según informaron medios como RMC Sport y Afrique Sports, el mandatario argumenta la necesidad de "reorganizar la gestión deportiva nacional para curar los males de la disciplina". Sin embargo, esta medida implicaría un conflicto directo con las normativas internacionales del fútbol.
Las dificultades técnicas del equipo africano se sumaron a un factor logístico determinante: la delegación realizó un viaje de casi veinticuatro horas sin descanso previo al partido. Los jugadores tomaron un vuelo de urgencia en Air Burkina con escalas en Marruecos y Qatar, llegando al país el mismo día del encuentro. Las autoridades nacionales reconocieron públicamente "el esfuerzo patriótico de los futbolistas" por cumplir con el compromiso a pesar de las sanciones contractuales que habrían enfrentado.
La eventual intervención estatal vulneraría el artículo 14 de los estatutos de la FIFA, que exige independencia absoluta de las asociaciones miembro. Los artículos 16 y 17 del reglamento internacional prevén sanciones que van desde la suspensión temporal hasta la expulsión definitiva del organismo mundial.
El presidente de la Federación Burkinesa, Oumarou Sawadogo, estuvo presente durante las declaraciones oficiales pero no realizó comentarios públicos sobre la situación. La selección ocupa actualmente el puesto 62 en el ranking global y fue subcampeona de la Copa Africana de Naciones 2013.




