En septiembre, los mercados financieros argentinos acumularon un nuevo mes de pérdidas, profundizando la tendencia negativa que arrastra desde hace meses. Las acciones locales retrocedieron 7,5% durante el mes en dólares, mientras que la deuda pública también mostró signos de deterioro.
El balance del año es aún más desalentador: el índice de acciones acumula una caída cercana al 20% desde enero, lo que refleja la erosión sostenida del atractivo de invertir en Argentina.
El indicador de riesgo que monitorea J.P. Morgan subió casi 100 puntos básicos solo en septiembre, sumando más de 200 desde los mínimos alcanzados en julio. Este aumento expresa la creciente desconfianza de los inversores internacionales.
Dos fuerzas convergen en este escenario adverso. En el plano internacional, la Reserva Federal estadounidense mantiene tasas de interés elevadas por la persistencia inflacionaria, lo que encareció el financiamiento global. El bono del Tesoro a diez años pasó de 5,2%, recuperando costos no vistos desde 2007, presionando a la baja los activos considerados de riesgo, como los argentinos.
Pero en casa, los problemas son propios. La actividad económica se contrajo: el EMAE de julio cayó 2,9% mensual desestacionalizado, con industria y comercio entre los sectores más damnificados. Además, la confianza en el gobierno se derrumbó 5,9% según la Universidad Torcuato Di Tella, llegando a 1,94 puntos, el nivel más bajo registrado.
Las reservas también presionan, amplificando el desmoronamiento de los mercados locales.




