El Banco Central de Bolivia activó una nueva herramienta para frenar la presión sobre el dólar y la inflación: obliga a los bancos a inmovilizar el 3% de los depósitos en pesos bolivianos durante 180 días sin recibir ganancia alguna. La medida, conocida como Reserva Monetaria Restringida, busca absorber dinero del sistema financiero.
Para los analistas económicos, el plan tiene dos caras. De un lado, reduce la cantidad de dinero circulante, lo que en teoría debería aliviar la carrera por dólares y moderar los precios. Del otro, genera un problema inmediato: los bancos tendrán menos dinero para prestar.
La consecuencia más probable es que el financiamiento se encarezca y sea más difícil de conseguir. Las empresas podrían postergar inversiones o proyectos de expansión. Los hogares enfrentarán créditos con condiciones más duras para comprar una casa o un electrodoméstico.
El riesgo está en que Bolivia ya enfrenta una economía en contracción. Una política monetaria más restrictiva podría profundizar la desaceleración, aunque frene temporalmente el dólar y la inflación.




